jueves, 30 de mayo de 2013

Los Vikingos en Andalucía






VIKINGOS EN ANDALUCIA - CANAL SUR 

 Programa: La respuesta está en la Historia, nº9

 

VIKINGOS EN SEVILLA



El ataque vikingo a Sevilla

A finales de agosto del 844 una flota de ochenta naves fue avistada en las costas de al Andalus. Se trataba de los Nordumâni, los temibles vikingos. Dos meses más tarde, Sevilla ardía en su fuego, sus habitantes eran pasados a cuchillo, violados y convertidos en esclavos.

La pregunta que todos se hicieron. ¿Quiénes eran los vikingos?

Estos temibles guerreros que llegaron por mar, eran un grupo étnico originario de Escandinavia. A su denominación más conocida se unían también las de varegos, rus o normandos. No obstante, la palabra vikingos proviene del vocablo «Wik» -posteriormente cambiado a Vik-, que significa «hombres del norte» u «hombres del mar». Sus ataques y aparición en la escena política europea, ya que hasta entonces no se tenía conocimiento de ellos, dieron inicio en el año 793 con el saqueo del monasterio de Lindisfarne. A partir de ese periodo sus incursiones fueron frecuentes y llegaron a ocupar amplias zonas en Inglaterra, Irlanda y Francia, donde el rey galo entregó el feudo de Normandía a un caudillo vikingo a fin de que mantuviese alejados de sus costas a otros grupos de la misma etnia. Ejercieron una gran influencia en la historio europea y en torno al año 1000 intentaron asentarse también en Norteamérica.

Distintos investigadores dan por extinguida la era vikinga con la caída del último reducto hostil que representaba el rey Horald III el despiadado, muerto el año 1066 en la batalla del puente de Stamford cuando intentaba hacerse con el control del territorio ocupado hoy por la actual Inglaterra.



A finales del año 229 de la hégira (agosto del 844), en las costas occidentales de al Andalus cincuenta y cuatro velas blancas fueron avistadas en el mar enfrente de la ciudad musulmana de Lisboa. Se trataba de los al-Urdumâniyyun, o Nordumâni. Los normandos, piratas vikingos de los que los andalusíes conocían historias, a través de los cristianos norteños y de los comerciantes, aparecían por primera vez ante sus ojos. Habían escuchado relatos que hablaban de ataques despiadados, muertes brutales, y un rastro de sangre a su paso, pero hasta entonces para todos ellos se trataba de cuentos que circulaban de boca en boca. Sin embargo, ahora la realidad se abría paso en Lisboa, donde una de sus escuadras se desplegaba en el puerto dispuesta al combate.

Los cronistas árabes que recogen el más terrible ataque normando contra al Andalus mencionan que el número de sus barcos rondaba los ochenta, de los que cincuenta y cuatro eran de grandes dimensiones y los otros restantes más ligeros. Conocedor de su mala fama, el gobernador de Lisboa, Ibn Hazm, luchó con ellos bravamente, rechazándole después de varios días de encarnizados choques. Apenas las velas desaparecieron en el horizonte, en dirección al sur, Ibn Hazm escribió una carta al emir de Córdoba ‘Abd al­Rahmân, en la que le informaba de estos sucesos y le advertía de la próxima aparición de las bestias del norte, si eran ciertas sus noticias y se disponían a golpear el sur.

En efecto, pasadas catorce noches del mes de Muharram del año 230 de la hégira (finales de septiembre de 844), los vikingos ya se habían apoderado de Qabpil, la Isla Menor, en Cádiz, y remontaban el Guadalquivir dispuestos a saquear y destruir Sevilla y aun la mismísima capital de al Andalus si sus fuerzas se lo permitían. Cuatro naves se separaron de la flota principal, para inspeccionar el territorio hasta la localidad de Coria del Río, donde desembarcaron y dieron muerte a todos sus habitantes a fin de impedir que tuvieran tiempo de advertir a los suyos. El camino hacia su fortuna estaba libre.

Apenas transcurridas tres jornadas desde su desembarco, los normandos decidieron remontar por fin el Guadalquivir hacia Sevilla, conocedores de las riquezas que era fama se albergaban en esta ciudad. Para entonces sus habitantes se disponían a la defensa solos, sin un caudillo militar claro que guiase su ejército, pues el gobernador de la ciudad les había abandonado a su suerte, huyendo a Carmona. Los musulmanes se encontraban, por tanto, a merced del peor de los enemigos.

Advertidos de esta deserción y de la escasa preparación militar de quienes se habían quedado a resistir su ataque, los hombres del norte marcharon con sus naves hasta los arrabales de la ciudad. Desde ellas, aprovechando su ventaja, dispararon sucesivas tandas de flechas contra los sevillanos, hasta romper su cohesión y provocarles el mayor desconcierto y miedo. Conseguido su propósito, abandonaron las embarcaciones para luchar cuerpo a cuerpo con ellos, seguros de su victoria.

La matanza y el saqueo duraron unos siete días. Una semana en la que los más fuertes huyeron, escapando cada uno por su lado, y los más débiles cayeron en las garras de los vikingos. Mujeres, niños y ancianos desvalidos fueron pasados a cuchillo y violados. A algunos de ellos se les perdonó la vida, aunque su destino era también estremecedor: la esclavitud. Sin respetar siquiera lo más sagrado, cargados con el botín y los prisioneros, regresaron a sus naves para volver al seguro campamento de Qabpîl.

No contentos, volvieron a Sevilla en una segunda ocasión, esperando aumentar el número de cautivos entre los desafortunados que regresaran a sus hogares al considerar que los ataques habían cesado. No encontraron más población que un puñado de viejos, que se habían reunido en una mezquita para rezar por los suyos y hacerse fuertes. De nada sirvieron sus oraciones: los normandos tomaron a la fuerza el lugar santo y su sangre bendijo la tierra de aquel lugar que, a partir de entonces, pasó a llamarse “la Mezquita de los Mártires”. Durante casi dos meses camparon totalmente a su antojo, desolando y sembrando el pánico entre los andalusíes. Hasta que, en noviembre, el emir ‘Abd al­Rahmán consiguió movilizar un ejército lo suficientemente fuerte para plantarles cara. Parte de esta tropa, al mando de Ibn Rustum y otros generales, pronto alcanzó la comarca del Aljarafe sevillano, donde en un fustigamiento conjunto de caballería e infantería, consiguieron desconcertar plenamente a sus enemigos. Coordinaba los esfuerzos musulmanes Nasr, favorito del príncipe omeya, quien dispuso una emboscada para terminar de una vez por todas con aquella amenaza.

Mientras algunos de los soldados provocaban con sus escaramuzas a los vikingos en los alrededores de la ciudad, el grueso del ejército andalusí esperaba a que aquellos valientes atrajeran a los normandos a un lugar llamado Tablada, al sur de Sevilla, donde hasta hace poco hubo un aeropuerto militar. Confiados en su notable superioridad numérica y como guerreros, los hombres del norte mordieron el anzuelo y descendieron con sus naves el río Guadalquivir en persecución de aquellos que habían osado provocarles. Al llegar a la aldea de Tejada desembarcaron y el cielo se abatió sobre ellos.

Allí les aguardaba emboscado Ibn Rustum, con el grueso de sus soldados. Apenas los normandos superaron su posición y le ofrecieron la espalda, les salió al encuentro mientras los perseguidos musulmanes detenían su huida para encararse con sus perseguidores. Atrapados entre dos fuegos, los vikingos no pudieron sino luchar por sus propias vidas contra hombres que buscaban venganza por la sangre de los suyos.

Aquella atroz derrota les supuso la mayor de las humillaciones que hasta entonces habían recibido. Sobre el campo de batalla quedaron más de mil cadáveres de normandos, y cerca de cuatrocientos fueron capturados para escarnio de todos. Mientras los supervivientes escapaban profundamente aterrorizados hacia sus naves, abandonando más de treinta embarcaciones en la huida, Ibn Rustum ordenó la decapitación ejemplar de los prisioneros supervivientes a la vista de sus camaradas. El fuego acabó sobre el Guadalquivir con las naves vacías mientras algunas de las cabezas cortadas eran enviadas al emir ‘Abd al-Rahmân y otras, clavadas en picas o en palmeras, permitieron saber a los sevillanos que su sufrimiento había llegado a su fin, que los asesinos de sus seres más queridos ahora les miraban desde las cuencas de sus ojos vacíos.

Ibn Rustum fue premiado, Nasr, favorito del príncipe, encumbrado a lo más alto. Se compusieron poemas en loor de aquella victoria sin igual.

El recuerdo de aquel oscuro episodio no terminó aquí. Las murallas de Sevilla fueron reforzadas y fortificadas, se repararon los daños causados por los normandos en las mezquitas, los baños y las casas. El puñado de hombres del norte que consiguió salvar la vida y escapó por tierra hasta Carmona y Morón, fue arrinconado por Ibn Rustum, que les forzó a rendirse y consiguió su conversión al Islam. Asentados en el valle del Guadalquivir, es fama que se especializaron en la cría de ganado y en la producción de leche y sus derivados y que sus quesos se convirtieron en más que famosos en aquellos tiempos. Años después, en el 859, Sevilla volvió a sufrir un nuevo ataque, que terminó con el incendio de la mezquita de Ibn ‘Addabâs (actual iglesia de San Salvador). La respuesta del emir de al Andalus fue dura y contundente: durante esos mismos años había ordenado la construcción de una flota de guerra capaz de frenar aquella amenaza y no dudaría en enfrentarla con los mejores marinos del Islam a quien se atreviera a atacar Sevilla. Cuentan las crónicas que juró arrasar sus bases y sus tierras del norte si osaban volver a derramar la sangre de un solo andalusí. Aquella advertencia parece que sí caló en el ánimo de los vikingos, pues durante largos años no se documentaron más strandhógg, como llamaban en su lengua a estas campañas de saqueo.

Mientras, al Andalus se poblaba de atalayas y fortalezas en la costa para vigilar el mar y los hijos de aquellos hombres del norte pasaban a engrosar las filas de los servidores de los Omeyas como soldados de élite destinados a proteger al príncipe. Tales medidas consiguieron su fruto, ya que los musulmanes hispanos lograron rechazar los ataques de los vikingos durante el siglo X.

Y al mismo tiempo que los grandes cronistas recogían estos éxitos de las armas musulmanas de Hispania, del valor de los sevillanos, el recuerdo de la derrota quedó en el fondo histórico de la nórdica saga de Ragnar y en el silencio de las restantes fuentes normandas.

Copyright: Margarita Torres Sevilla/Universidad de León

http://grandesbatallasdelahistoria.blogspot.com/2009/04/el-ataque-vikingo-sevilla.html







miércoles, 8 de mayo de 2013

Eugenia de Montijo

Eugenia de Montijo

 
  
Eugénie imperatrice.jpg
La emperatriz Eugenia de los franceses,
 por Francisco Javier Winterhalter.




ugenia de Montijo



Información personal
Nombre secular María Eugenia Palafox Portocarrero de Guzmán y Kirkpatrick
Otros títulos
  • Marquesa de Ardales
  • Marquesa de Moya
  • Marquesa de Osera
  • Condesa de Ablitas
  • Condesa de Teba
  • Condesa de Baños
  • Condesa de Mora
  • Condesa de Santa Cruz de la Sierra
  • Vizcondesa de la Calzada
  • Dama de la Real Orden de María Luisa
Reinado 30 de enero de 1853 –11 de enero de 1871
Nacimiento 5 de mayo de 1826 Granada, Bandera de España España
Fallecimiento 11 de julio de 1920
(94 años)
Madrid, Bandera de España España
Entierro St Michael's Abbey, Farnborough
Predecesor Último título sostenido por
María Amalia de Borbón-Dos Sicilias
Como Reina de los franceses
Sucesor Monarquía abolida
Familia
Padre Cipriano Palafox y Portocarrero
Madre María Manuela Kirkpatrick
Consorte Napoleón III
Descendencia Luis Napoleón Bonaparte
 Eugenia, Emperatriz de Francia, portando a su hijo Eugenio Luis-Napoleón, por Francisco Javier Winterhalter

María Eugenia Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, condesa de Teba, más conocida como Eugenia de Montijo (Granada, 5 de mayo de 1826 - Madrid, 11 de julio de 1920) fue emperatriz consorte de los franceses como esposa de Napoleón III.

Índice

  • 1 Boda
  • 2 Participación política
  • 3 Exilio
  • 4 Otros datos
  • 5 Bibliografía
  • 6 Enlaces externos

Boda


Ahí fue donde conoció al futuro emperador, con quien se casó el 30 de enero de 1853. Napoleón acababa de ser rechazado por la princesa Adelaida, sobrina de la reina Victoria.


En un discurso que pronunció poco antes de su boda, Napoleón dijo: «Prefiero casarme con una mujer a la que amo y respeto que con una desconocida, con la que una alianza podría tener ventajas mezcladas con sacrificios». Este comentario fue visto con cierto sarcasmo desde Gran Bretaña. Los periódicos de ese país lanzaron comentarios sobre la unión entre una aristócrata de reconocido linaje con un miembro de la familia Bonaparte.


El 16 de marzo de 1856, Eugenia dio a luz a su único hijo, Luis Napoleón, que recibió el título de Príncipe Imperial. Gracias a su belleza y elegancia, Eugenia contribuyó de forma destacada al encanto que desprendía el régimen imperial. Su forma de vestir era alabada e imitada en toda Europa. Su interés por la vida de la reina María Antonieta expandió la moda neoclásica, estilo muy popular durante el reinado de Luis XVI. Fue la persona con más condecoraciones de toda Francia, con 20 condecoraciones y títulos nobiliarios.


Participación política


Eugenia era una mujer educada e inteligente. Después del nacimiento de su hijo, el príncipe imperial, Eugenia decidió tomar parte activa en la política del Segundo Imperio. Ferviente católica, se opuso a la política de su marido en lo tocante a Italia, y defendió los poderes y prerrogativas del Papa en dicho país. Desempeñó la regencia del imperio en tres ocasiones: durante las campañas de Italia en 1859; durante una visita de su marido a Argelia en 1865 y en los últimos momentos del Segundo Imperio, ya en 1870.


La emperatriz Eugenia secundó las desafortunadas intervenciones exteriores del imperio:

  • La derrotada Invasión francesa de México que costó la vida al emperador Maximiliano I de México.
  • La guerra contra Prusia, que concluyó al año siguiente con la derrota de Sedán.

En 1869 la emperatriz Eugenia asistió a la inauguración del canal de Suez, construido por su pariente lejano Fernando de Lesseps. Asimismo, apoyó las investigaciones de Louis Pasteur, que acabarían en la vacuna contra la rabia.

Exilio


Tras la caída del Segundo Imperio Francés, la familia se exilió a Inglaterra. A la muerte del emperador en 1873, Eugenia se retiró a una villa en Biarritz en la que vivió alejada de los asuntos de la política francesa. Su vida adquirió tintes de tragedia novelesca cuando su único hijo pereció en Sudáfrica (1879) a manos de los zulúes.


Relacionada genealógicamente con la Casa de Alba, se alojó ocasionalmente en el palacio de Liria de Madrid, en su Quinta de Carabanchel y en el palacio de Dueñas de Sevilla. Algunas de sus pertenencias, como pinturas y muebles, pasaron a manos de los Alba, como un retrato suyo pintado por Winterhalter y otro de Goya, La marquesa de Lazán.


La ex emperatriz murió a las ocho y media de la mañana del 11 de julio de 1920 a los 94 años en el Palacio de Liria (Madrid), durante una de sus visitas a España, su país natal. Su muerte fue consecuencia de un ataque de uremia.


Inmediatamente su cuerpo fue trasladado en tren a París, acompañado por una comitiva que incluía al duque de Alba, el duque de Peñaranda, las duquesas de Tamames y Santoña y el conde de Teba. El féretro fue recibido en la estación de Austerlitz por los príncipes Murat, el Embajador de España y miembros de la nobleza francesa y española que le rindieron homenaje durante más de tres horas. Posteriormente el cuerpo fue trasladado a Le Havre y Farnborough bajo custodia del diplomático español Carlos de Goyeneche. La emperatriz fue enterrada en la cripta imperial de la Abadía de Saint Michael en Farnborough (Inglaterra), al lado de su esposo y de su hijo, que había fallecido en África.

Otros datos


  • Se cuenta que el encuentro entre Eugenia y el futuro Napoleón III no fue casual. Según algunas fuentes, se conocieron gracias a la madre de ella, quien deseaba un buen partido para sus dos hijas y se preocupó por exhibirlas en los actos sociales oportunos para que conociesen a los caballeros adecuados.

  • Eugenia, convertida ya en emperatriz, ordenó a algunos arquitectos y jardineros de su corte la remodelación del castillo de Arteaga, un edificio de sus ancestros en la provincia de Vizcaya (España) y también restauró el castillo de Belmonte (Cuenca) propiedad de los marqueses de Villena.

  • Utilizó frecuentemente como apellido el de Guzmán, en lugar de los de Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, por ser titular del mayorazgo fundado en 1463 por doña Inés de Guzmán sobre el señorío de Teba, elevado a condado en 1522 por Carlos V. Sus sobrinos, hijos de su hermana Francisca y del duque de Alba, utilizaron como segundo apellido el de Portocarrero.

  • Bajo su auspicio se cultivó en una finca de Baños de Rioja (La Rioja), de la cual era propietaria, una viña que todavía existe con el nombre de La Emperatriz.

  • Gracias a ella se hizo muy popular el veraneo en Biarritz cuando en 1854 construyó el Palacio en la playa hoy día conocido como Hotel du Palais.



Predecesor: Último título sostenido porMaría Amalia de Borbón-Dos Sicilias
Como reina de Francia
Emperatriz consorte de los franceses 30 de enero de 1853 – 11 de enero de 1871 Sucesor: Monarquía abolida

Bibliografía


  • Carmen Verlichak, Las diosas de la Belle Époque y de los 'años locos', Editorial Atlántida, Buenos Aires, 1996 (ISBN 950-08-1599-0)

  • Geneviève Chauvel, Eugenia de Montijo, emperatriz de los franceses, Editorial Edhasa, 2000 (ISBN 84-395-9198-5)
  • EUGENIA DE MONTIJO, EMPERATRIZ DE LOS FRANCESES                                                                                
Fuente: wikipedia.es                                                                                                                                                                                                                
 

martes, 7 de mayo de 2013

Perfumes de inspiración andaluza





El perfume de la Emperatriz

http://www.perfumisimo.com/blog/2011/01/29/el-perfume-de-la-emperatriz/

 


 

Cuando Pierre-François-Pascal, fundador de Guerlain, ya hubo conseguido una buena prensa por la calidad de sus productos y una clientela selecta, la creación de L’Eau de Cologne Impériale fue el toque de gracia definitivo para la inmortalidad de su saga. Seguro que fue uno de los secretos que hizo que Napoleón II cayera prendado a los pies de Eugenia de Montijo. Posteriormente, la firma Guerlain solicitó a la casa imperial su permiso para ponerla a la venta al público.


Curiosamente ha sobrevivido durante más de siglo y medio, y sigue comercializándose. Para los que tengan el gusto de ir a París, le recomendamos visitar la tienda que Guerlain dispone en los Campos Elíseos, un auténtico pequeño palacio de la cosmética y la perfumería, donde podrá admirar en su planta alta la exposición del famoso frasco de Eau de Cologne, desde su tamaño de litro hasta las más pequeñas de 500 ml, o 100 ml en formato vaporizador. Es un frasco exquisito de vidrio grabado con el motivo de la familia imperial: las abejas. Una lazada final asegura el tapón para evitar su apertura hasta su uso definitivo.

 

Los encargos de lujo del frasco llevan facetado las abejas endorado y puede inscribirse, como una reina, hasta las iniciales en oro. Lujos muy personales y que requieren que se soliciten como mínimo con un mes de antelación.


La composición de la fragancia es una  agua fresca y ligeramente floral con un toque de hespéride muy sútil que gustó tanto a Eugenia de Montiijo que nombró a su creador Pierre-François-Pascal, Perfumista Proveedor de Su Majestad la Emperatriz.  Su exitó despertó las envidias de las otras casas reales e imperiales europeas que tomaron a la casa Guerlain como su proveedora habitual.



INSPIRACIÓN: UN JARDÍN ANDALUZ



En 1806, el perfumista francés Jean Marie Farina creaba una Eau de Cologne que él mismo describía como "Una composición de naranjas, limones, pomelo, bergamota, flores y frutas que recuerda a los jardines de Italia que bordean el Mediterráneo". No es hasta el año 1862 cuando Farina se incorporaba a la casa de perfumería francesa Roger & Gallet, y la firma se hacía transmisora de que esta gran Eau de Cologne llegara intacta hasta nuestros días.
Desde entonces, la familia de fragancias que recrean los jardines de todo el mundo es una de las constantes de Roger & Gallet, y así, nos encontramos con Cedrat y los jardines Calabreses; Gimgembre y los jardines de Rajastán; Thé Vert y las laderas del monte Fuji; Lotus Bleu y los jardines de Egipto; y ahora Bois D'Orange que recrea los jardines andaluces.
 
Andalucía siempre será una fuente de inspiración inagotable para los artistas en cualquiera de las expresiones que tome el arte. Por supuesto, el de la perfumería también y no son pocas las fragancias que se han creado en torno a sus ciudades o rincones. Como nota más característica, la flor de azahar que cada primavera inunda Sevilla y un infinito número de jardines anónimos por toda Andalucía, donde las flores, los cítricos, las especias y las maderas mediterráneas se mezclan con una fórmula mágica y secreta. Notas radiantes que envuelven los días de sol y que se transforman en puro misterio cuando llega la noche. Es el legado árabe en Andalucía (también en todo Levante). Una herencia muy nuestra que traspasa fronteras y se convierte en perfume.
Bois D'Orange tiene una salida muy fresca gracias a las esencias de mandarina, hierbabuena y verbena. Enseguida llegamos a su corazón de nerolí, una esencia de naranja amarga y un tanto especiada que se une a la esencia de la flor de naranjo. Las notas almizcladas del ámbar claro le dan la nota sensual; y las maderas de palisandro y cedro del Átlas le dan profundidad. 





Andalucía en los versos de Rubén Darío




Francisco Sánchez Castañer


http://revistas.ucm.es/index.php/ALHI/article/view/ALHI7374110743A



»Pues bien, entre las partes constitutivas de la misma está muy en
primer término España, la madre patria. Hispania por siempre! Español de América y americano de España”. Pero al ser esto así, y bien lo probó y sustentó a través de su vida, por sus obras, la visión que tuvo Rubén Darío de nuestra patria fue bastante completa. Se puededecir que situado, con frecuencia, en la capital o centro. sus pies de continuo peregrino del ensueño le llevaron hacia los límites geográficos del territorio hispano: Asturias, Cataluña, Alicante, Mallorca, Andalucía...

»Entre éstas, no cabe duda, en primerísimo lugar de estimación, ANDALUCÍA. Y no sólo por la huella que en la retina le dejaron sus principales ciudades: Málaga. Córdoba, Granada, Sevilla, a más de otras, no capitales provinciales, pero no menos estimadas, sino ante algo muy superior y de muchos más quilates y positiva influencia: ese algo, misterioso e impalpable, que en lo andaluz se produce y que a él, poeta exquisito, ni le pudo pasar inadvertido ni dejó de resultarle beneficiosisimo.

sábado, 4 de mayo de 2013

Cartel de las Fiestas y Feria de Mayo (Córdoba 2013)







 

 

 

La polémica «viste» vaqueros y camisa 


  • Un chico protagoniza el cartel que anuncia el Mayo Festivo de Córdoba
06-04-2013 larazon.es

María José Ruiz posa con un ejemplar del cartel que ha levantado la polémica en Córdoba





ROMPE TÓPICOS

Polémica en Córdoba por el cartel de las fiestas de Mayo


Un sugerente hombre en vaqueros es el protagonista del cartel de las fiestas de Mayo en Córdoba, editado cada año por el Ayuntamiento. La obra ya se ve por las calles y ha generado polémica. Rompe con la imagen tradicional de la mujer flamenca. Su autora, María José Ruiz dice querer reflejar lo que una mujer desearía ver, después de siglos de identificarse lo sensual con lo femenino.

El cartel ha impactado a la ciudad. Aparece un atractivo hombre joven, moreno y ceñido con vaqueros y camisa blanca ajustada. Luce el sombrero cordobés que llevaba Romero de Torres bajo una potente luz de primavera. Sujeta un catavino y dos claveles con una mano y saluda al espectador. Detrás, una columna romano califal y una calleja.

El modelo es un entrenador personal, conocido en la ciudad. Ha posado en una intensa sesión de fotos en la que colaboró incluso la directora del museo de Julio Romero de Torres. Una imagen que mezcla símbolos cordobeses con innovación, que rompe y que ya ha provocado polémica



 
CÓRDOBA | Polémica por el cartel de las Fiestas de Mayo

Con él llegó el escándalo



Sugerente, innovador, poco tradicional e inadecuado. Sobre gustos, colores. Lo que está claro es que el cartel anunciador de las fiestas del mayo cordobés y de su feria no ha dejado indiferente a nadie. Desde que se comenzara a instalar en las marquesinas publicitarias de la ciudad esta semana, se ha generado una polémica en torno a él, que ha corrido como la pólvora en las redes sociales.

Y es que la mujer cordobesa cede el protagonismo que ha tenido durante décadas en la historia de la cartelería de esta ciudad a un hombre, esbelto y joven, que ofrece una imagen más moderna y fresca, que huye de tópicos. Vestido con pantalones vaqueros y camisa blanca, un atractivo joven invita a la ciudadanía a conocer Córdoba en mayo.

La artista cordobesa María José Ruiz, a quien el Ayuntamiento ha encargado la realización del cartel, ha querido que sus raíces estén presentes también. Siendo de Montilla no podía faltar una mención a los vinos generosos de esta tierra a través de un catavino, junto a otro de los símbolos de Córdoba, los claveles. El joven del cartel lleva un sombrero cordobés del propio Romero de Torres, cedido por la directora de los museos municipales, Mercedes Valverde, para que el modelo del cartel posara con él puesto.

Rasgos característicos de la tierra

El modelo, Guillermo de la Rubia, que trabaja como entrenador personal, tiene los rasgos físicos característicos de la tierra, a juicio de la artista. Por ello, decidió convertirlo en la imagen de la ciudad de cara a estas fiestas, una de las más importantes tras la declaración de la Unesco de los patios como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Atrás quedó así el tradicional cartel en el que aparecía la mujer cordobesa vestida de flamenca entre rejas y balcones adornados. "Se me ocurrió representar a un hombre como figura que invitara a conocer la ciudad y añadirle una copa de fino y un par de claveles para simbolizar la seducción desde una perspectiva femenina", sostiene la autora del cartel.

Ruiz se ha mostrado sorprendida por la polémica suscitada, que no se esperaba, aunque imaginaba que el cartel iba a agradar al público femenino. "He querido pintar un cuadro del siglo XXI que representara Córdoba, con una imagen totalmente normal del chico que visita las cruces o los patios y que viste de forma actual. Es difícil innovar". La pintora matiza que no ha realizado el cartel con ningún ánimo de "provocar".

Detrás del joven, la artista ha incluido un capitel que está situado en el entorno de la Mezquita Catedral. "He querido representar con él las tres culturas de Córdoba. Un muro de cal judío que lleva embutida una columna con un fuste romano y capitel árabe califal. Representar a una ciudad como Córdoba es prácticamente imposible", afirma. Por último, ha incluido en el cuadro una calle que desemboca en un patio, en alusión a las calles llenas de flores y macetas comunes en la capital.

No es la primera vez

No es la primera vez que un hombre protagoniza el cartel de las fiestas más emblemáticas de Córdoba. En 2003, Marcial Gómez eligió también a un varón para pregonarlas. Marcial Gómez es el padre del autor del cartel de 2012, que curiosamente también generó cierta controversia, pues supuso una ruptura estética con los realizados años atrás. Miguel Gómez Losada realizó el año pasado una pintura en la que no aparecían flores ni mujeres con vestidos de volantes.

Su autor explicó que pensó en la "sobriedad, el silencio y la elegancia" para diseñar el cartel. Cualidades que identificó con un galgo como protagonista. Al fondo de la imagen se apreciaban las ermitas de Córdoba y el edificio de La Aduana, de arquitectura contemporánea.

Fuente: elmundo.es









¿Cuál es la razón de que se fomenten los tópicos que denigran y ridiculizan la imagen de Andalucía?